Por
Es difícil intentar explicar lo que supone la experiencia de un viaje de solidaridad, que te lleva de Talavera de la Reina al Sahara, pasando por estaciones de esquí, montañas asombrosas, palmerales, playas y, sobre todo, por un paisaje humano y cultural, que unas veces resulta familiar y otras veces, en las antípodas de tu mundo.
Todo esto montado en una moto, durante 10 días (y lo
que es más importante, 4000 kilómetros) y con un grupo de personas con las que
solo has tratado brevemente. ¿Qué puede salir mal?
Pues en realidad, y si eres una persona abierta a
nuevas experiencias, con ganas de conocer otras culturas y otros países, y que
te gusta viajar en moto, nada, al contrario, este viaje, cuyo fin es la solidaridad,
no lo olvidemos, de repente te pone los pies en la tierra y descubres un país
maravilloso, con un paisanaje amable, que te sorprende en cada pueblo, en cada
bocado de su gastronomía y con cada uno de sus paisajes.
Podría relatar la experiencia en los diferentes
alojamientos, todos fantásticos, aunque algunos, y no precisamente los de las
grandes ciudades, fueron, a mi corto entender los mejores (ay, ese hotel en
aquel pueblito del Dades o ese en Essauira)
Podría relatar la experiencia de cómo se vuelcan en
ayudarte ante cualquier adversidad que tengas (olé por ese mecánico, de no
recuerdo el sitio, pero que Ala le bendiga, junto a esos esforzados muchachos
de la montaña).
Podría hablar de Fez (con ese magnífico guía)
Marrakech, Rabat, toda la sorprendente y magnifica gastronomía; sobre esas
carreteras, curvas míticas y miradores; sobre la seguridad y los grandiosos
bosques de cedros; de las pequeñísimas aldeas y del trafico infernal de las
grandes ciudades; de la magnífica, asombrosa, estremecedora y a la vez
relajante grandiosidad del desierto.
Pero solo voy a resaltar lo afortunado que te sientes,
a la vez triste y alegre, de haber visto sonreír a los niños en las tribus del
desierto; del honor que significa que te inviten a tomar té y compartir lo poco
que hay en una jaima; de rozar, y digo rozar porque habríamos necesitado mucho más
tiempo, una cultura que solo has leído en libros.
Gracias. Gracias a Driss, por llevarnos a saltar por
las dunas; gracias a Pedro por perseverar en esta gran labor; gracias a los que
colaboran para que, durante un día, sientas que puedes mejorar, aunque solo sea
un poco, el mundo de otras personas que no son tan afortunadas, pero que sonríen
a la vida y siguen adelante; gracias a nuestros compañeros de viaje, ya amigos,
por formar parte de esta gran experiencia.
Espero que este viaje solidario no sea necesario en el
futuro, pero mientras tanto, no dejemos de contribuir a su realización. No los
olviden. Les esperan los príncipes del desierto.









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