Este año 2022 volvíamos a
ponernos en marcha con el Proyecto LAPICES MOTEROS después de la parada mundial
por el COVID 19....
Dicen que, si vas a Marruecos
alguna vez en la vida, dejará una huella imborrable en tu alma, es lo que les
ha ocurrido a este grupo de damas y caballeros que a lomos de sus motos se han
lanzado una vez más a la aventura del país magrebí.
Mitad placer, mitad objetivo
humanitario, planearon esta vez un viaje que, por diversas circunstancias, que
todos conocemos, ha sido aplazado más de lo que hubieran deseado.
Diez días, 3.800 km de recorrido
y 17 locos de la carretera para cumplir un objetivo, llevar hasta el desierto
de Merzouga una furgoneta llena de zapatos y material escolar para esos niños
que viven en mitad de la nada, en mitad del desierto, dónde el silencio ocupa
tanto espacio.
El itinerario comenzaba en
Talavera de la Reina hasta Algeciras, Tánger, Tetuán, Chefchaouen, Fes,
Merzouga, gargantas del Todra, Gargantas del Dades, Ksar de Ait Ben Hadu, Marrakech,
Larache, Asilah, Tanger, Algeciras y de vuelta a Talavera.
Talavera – Algeciras
El amanecer marca el inicio de la
primera singladura, salida desde Talavera de la Reina, desayuno y revisión de
documentación y equipaje, despedida con los medios de documentación que
inmortalizan el momento. Nervios en el estómago y comienza la aventura.
Llegamos a Sevilla para comer y
reponer fuerzas; reanudamos la marcha dirección Cádiz hasta Tarifa, antes de
llegar a Algeciras una parada en el mirador del estrecho, ya podemos ver el
perfil de África, otro continente, otra cultura, otro mundo ahí al lado, tan
cerca. A descansar en la antigua ciudad de Al-Yazira al-Jadra ( ALGECIRAS )
Algeciras - Chefchaouen
Embarcamos en el Ferry que nos
conduce a la aventura africana. Aseguramos las motos en la bodega y nos
dirigimos a cubierta, allí somos recibidos por los anfitriones del mar, los
delfines, que nos acompañan en el recorrido como dándonos la bienvenida hasta
la costa marroquí.
El mar nos empapa la ropa y nos
impregna con el aroma de la cercana tierra deseada.
Hemos llegado a Tánger, ya es una
realidad que estamos en otro mundo, nuevo dinero, nuevo número de teléfono…
oficialmente hemos empezado la aventura en Afrikia.
Lo extraño del idioma sonoro,
miramos las caras desconocidas, la comida llena de colores, la luz, los
olores….
Emprendemos camino a Tetuán, allí
visitamos la ajetreada medina y su gran actividad comercial, allí se mezclan la
cultura marroquí y la española a la perfección.
Comemos en un restaurante de la
Medina, pinchos morunos, tajines y otras exquisiteces gastronómicas como el té
que iba a ser bebida habitual durante todo el viaje. Reanudamos la marcha por
una carretera en obras que se presenta peligrosa por la falta de señalización y
su peculiar manera de conducir.
Viajar por Marruecos significa
atravesar multitud de pequeños pueblos y asentamientos que utilizan la
carretera como medio habitual de paso de animales y personas, con el riesgo que
supone.
El trayecto se hace más largo de
lo esperado y llegamos a Chefchaouen casi rozando la noche. La imagen es
impresionante, pasamos del color terrizo de Tetuán a los índigos del atardecer
impregnados en las fachadas de las casitas del pueblo azul, observamos su
silencio y las calles cuidadas, aparece luminoso y azul.
Chefchaouen-Fez
En Marruecos amanece
sensiblemente más temprano que en España y la llamada del Iman a la oración
marca el inicio de la jornada, nosotros también madrugábamos para aprovechar al
máximo la luz natural.
Próximo destino Fez, el trayecto
de este día nos acerca mucho más a nuestro objetivo, el desierto.
Marruecos tiene una de las
culturas más ricas y variadas del mundo incluyendo la ciudad de Volubilis de
origen Cartaginés que estuvo asentado allí desde el siglo III AC y paso
posterior mente en dominaciones Romanas, Árabes hasta el siglo XVII
A primera hora de la tarde
llegada a Fez, visitamos la medina y la zona de los curtidores que es la más
antigua de Marruecos. Entre el entramado de edificaciones se encuentra la
tenería de Dar Dbagh Al-Chauara, la más importante. Mezcla de olor a
podredumbre y químicos impregnan el ambiente por las cubetas de piedra que
contienen pieles en diferentes procesos de curación.
Fez-Merzouga
Marruecos es un país de
sensaciones intensas, sus vivos colores, sus olores intensos, ritmos que te
aceleran el corazón y sabores vibrantes lo inundan todo, una experiencia de 5
sentidos.
Nos ponemos rumbo a Merzouga,
atravesando esta vez un bosque de cedros, nos sentíamos observados por los
miles de monos que lo habitan. La carretera es cada vez más tortuosa, el polvo
se mastica y poco a poco va dominando el color terroso de la región desértica a
la que pertenece Merzouga. En esta ocasión hacemos el viaje más largo del
recorrido y llegamos al hotel Nomad Palace al final de la tarde dónde nos da la
bienvenida el guía que nos acompaña desde hace 7 años, Nos reciben con dulces típicos de la zona y un
caluroso abrazo . ¡Cuánto tiempo amigo Driss!
Alojados en Jaimas en medio del
desierto, extenuados por fin podemos disfrutar de un magnifico baño en la
piscina, que iluminan a nuestro gusto. Como siempre cena de platos
tradicionales y ritmos exóticos. Los músicos en esa región tocan extraños
instrumentos que simulan el ruido que hacían sus antepasados con las cadenas.
Nos retiramos a dormir con la
impaciencia de un niño.
Merzouga
De nuevo levantados al amanecer,
pero esta vez era un momento especial para los que ya conocían lo que iba a
suceder y para los que se imaginaban el momento de ver de nuevo a nuestros amigos,
era el día que culminaba la misión que nos llevó hasta allí.
De camino al asentamiento nómada,
nuestro guía Driss, nos enseñó cómo es la vida en el desierto. Cómo se vive en
un lugar que a nuestros ojos parece inhóspito y falto de recursos.
En el recorrido visitamos un
cementerio nómada y una de las cuantiosas minas de cuarzo que abundan en esta
zona del país.
Tras esta pequeña introducción al
mundo beréber, nos fuimos directamente al campamento.
Allí los lugareños son gentiles y
acogedores, te ofrecen su casa, su desierto y todo lo que tienen.
Llegan las primeras familias con
niños con una sonrisa de oreja a oreja al ver que les llevamos cosas que para
ellos son novedosas e inusuales. Zapatos, libros, chuches. Visitamos la escuela,
para un pueblo que frecuentemente cambia de lugar, se hace difícil mantenerla
bien acondicionada tal y cómo nosotros lo entendemos.
Un simple caramelo les parece
algo tan extraordinario….
El desierto es extraño y voluble,
así como todo lo que habita en él, sus habitantes viven en haimas que son casas
versátiles y cambiantes como su orografía.
Allí querían correspondernos con
té, con sus costumbres y su estilo de vida. La felicidad que irradian es
contagiosa, no sabe de países ni de civilizaciones. El Nómada vive ligero de
equipaje, con pocas cosas. Para ellos lo más importante son sus familias y su
ganado, como medio de vida lo que nos hace plantearnos dónde está realmente el
secreto de la felicidad y si son realmente necesarias muchas de las cosas que
nosotros vemos como imprescindibles.
Hemos traído una furgoneta llena
de material, cosas que pensamos que necesitan y de vuelta nos traemos las
lecciones de vida que el desierto nos regala.
Del campamento salimos en
caravana con los jeeps a través de las arenas del desierto. Más que conducir
parecía que íbamos navegando sobre las enormes dunas del Erg Chebbi, una de las
zonas desérticas más extensas, los colores del paisaje iban cambiando según avanzábamos.
El espectáculo visual es único e inolvidable.
La misión estaba completada,
vuelta al hotel, al silencio del desierto que es tan poderoso y grandioso como
la misma arena. Te sientes diferente y con la sensación de que te quedan cosas
por hacer y la idea de volver algún día… pronto.
Merzouga – Todra - Dades
El cambio se hace notar, dejamos
atrás una zona húmeda y llena de pinares para pasar de nuevo al ocre que todo
lo tiñe… Nuestro siguiente destino es Tinerhir, ciudad rica por las minas de
plata aledañas, no vimos nada especial cuando llegamos, ningún edificio
emblemático, ni de arquitectura interesante, simplemente una ciudad de líneas
rectas sin más gracia.
La sorpresa llega cuando por una
sinuosa carretera avistamos de repente un inmenso palmeral, un vergel que se
alimenta del rio Todrá y que luce tan espectacular como el paisaje de las
gargantas a las que el mismo rio da nombre e íbamos a visitar. Es frecuente
encontrarse con aldeanos que ofrecen dátiles y fósiles a los turistas que
eligen esta ruta. Las gargantas te envuelven
con sus grandes paredes verticales, que te hacen parecer pequeño,
insignificante.
Una tormenta nos acompaña en
nuestro destino al Dades donde descansamos de tan largo dia.
Dades - Marrakech
Madrugamos y ascendemos una de
las carreteras más peligrosas del mundo, el desfiladero del Dades, con sus
dedos de mono y su serpenteante recorrido es uno de los trayectos más espectaculares
de Marruecos.
Continuamos rumbo y avanzamos al Ksar
de Ait Ben Hadu, impresionante ciudad fortificada, escenario de cientos de películas
( Gladiator, Reino de los Cielos, Juego de Tronos… ) mantiene intacta su
estructura, visita imprescindible… continuamos dirección Telouet, el puerto de Tizi
n'Tichka y continuamos dirección Marraketch, llegamos exhaustos y agotados a
primera hora de la noche…..
Marrakech
Día de descanso en una de las
cuatro ciudades imperiales de Marruecos, impresiónate su bullicio, su actividad
frenética, sus ir y venir de gentes…. Sus grandes palacios y sus impresionantes
monumentos. Es imprescindible sumergiese en el gentío de de la Plaza Yemaa el
Fna a última hora de la tarde, y disfrutar de la noche con sus infinitos
puestos de comida, zumos, ropa…. Vendedores…. un caos enfermizo y embriagador.
Marrakech – Asilah
Empieza el retorno, como todos
los días madrugamos y tomamos dirección norte, rumbo a Asilah, el paisaje es monótono,
con grandes plantaciones a lo largo de la carretera, a última hora de la mañana
llegamos a Larache, antigua ciudad perteneció al Protectorado español de
Marruecos hasta 1956 y eso se aprecia en su arquitectura y sus edificios. Nos habían
recomendado comer en el puerto y así lo hicimos, un buen pescado fresco para
los fatigados viajeros….
Continuamos viaje a la Antigua ciudad de Asilah, fortificada por los
Portugueses en el siglo XIII conserva una de las medinas con más encanto de la
costa marroquí. Disfrutamos de sus callejuelas, sus callejones y sus vistas al atlántico,
nuestros pensamientos empiezan a asimilar el viaje realizado y la experiencia
con los nómadas, la gente del desierto, esos grandes desconocidos y que tienen
tanto que enseñar a este hombre occidental, siempre con prisas, siempre sin
tiempo para lo más importantes, la familia, la amistad, la convivencia…. a la mañana siguiente el viaje termina y todos
lo sentimos, algo se nos ha quedado en el trayecto……
Hola a todos, comentar que retomamos de nuevo el proyecto, parado
por la pandemia que nos ha azotado los últimos tiempos y que ha cambiado
nuestra forma de interactuar.
Este 2022 comenzamos nuevamente con el proyecto LAPICES MOTEROS 2022, con toda
la ilusión y empeño que el primer día en el año 2015....
Para los que se incorporan
ahora una experiencia y una aventura a vivir y disfrutar, para los que
repetimos ilusión en reencontrarnos con la gente, los amigos y "hermanos"
que llevamos tiempo sin ver.
Hola amigos, como veis estamos en Abril de 2020 y por un "bichito" cabron, esta muriendo mucha gente, destruyendo empleos a corto y largo plazo, cambiando nuestra rutina diaria,... etc (No me apetece seguir comentado sobre ese "bichito").
En estos tiempos de reclusion, GUSTAVO CUERVO ( https://www.gustavocuervo.es/ ) puso en marcha un proyecto que se llama #RELATOSMOTEROS para entretener y si puede ser arrancar una sonrisa a los lectores en los momentos duros de confinamiento que padecemos debido al COVID-19
Nosotros aportamos nuestro pequeño granito de arena con el relato, por parte de Robert, de nuestro primer viaje, en el año 2015, el primer LAPICES MOTEROS.
Es un honor para nosotro compartir espacio junto con otros moteros y escritores de la talla del propio Gustavo Cuervo o del nivel de Alicia Sornosa, Quique Arenas, Marcel Barrilero y otros grandes del mundo de las motos.
Es difícil saber cómo llegaron estos nueve colegas a tener un objetivo tan claro y tan distante de la idea original. En un principio, el fin era un viaje de placer, una visita al vecino país de Marruecos donde poder admirar y recorrer sus increíbles y opuestos paisajes. Dos cosas sí que estaban claras; lo harían en moto para gozarlo aun más, y el destino sería… el desierto.
Pasaron meses desde el planteamiento original, fueron agregándose poco a poco todos sus participantes hasta que, en el seno de una concentración invernal (como no podía ser de otro modo), decidieron por fin cuál sería la ruta a seguir; cruzarían el país de norte a sur hasta las puertas del desolador paisaje desértico. Algunos de los componentes del grupo ya habían recorrido la belleza de las tierras marroquíes y aportaron sus experiencias anteriores para elaborar un buen plan. En un momento dado, a alguien se le ocurrió sugerir la posibilidad de poder comprar algunos lápices y llevarlos consigo para repartirlos como obsequio a los niños que encontraran por el camino, ya que, en la mayoría de las ocasiones, un regalo de este tipo era mucho más valorado que un juguete. Todos estuvieron de acuerdo, y en aquel momento, aún sin saberlo, comenzó a gestarse, como con vida propia, la locura del proyecto de los Lápices Moteros.
No contentos con los lápices que pudieran transportar en sus bolsillos, elaboraron un proyecto que enviaron a multitud de empresas y asociaciones con el fin de recopilar una mayor cantidad de material escolar, buscando la colaboración desinteresada de quienes consideraran que al fin y al cabo aquella era una buena idea. El proyecto iba creciendo por sí mismo… colocaron puntos de recogida en centros escolares, papelerías, etc. donde muchas personas hacían su aportación de manera anónima. Aquello ya no había quien lo parara, la prensa y medios radiofónicos se hicieron eco de la iniciativa y mientras pasaba el tiempo, los kilos de material se iban acumulando de manera exponencial. Era curioso ver cómo en medio de una época de crisis, la gente al fin y al cabo era solidaria con aportaciones de lo más dispares; desde quien hacía un desembolso importante en una papelería hasta quien aportaba una caja de pinturas usadas o un puñado de lápices hábilmente sustraídos de una importante cadena de muebles sueca. Se pusieron en contacto con la ONG “Camino al Sur” que los orientó acerca del material más necesario y de la mejor forma de llevar a cabo el proyecto porque aquello cambió de ser un viaje de placer a tener un claro y marcado objetivo; llevar en sus motocicletas la mayor cantidad posible de material escolar al sur de Marruecos; que se tradujo ni más ni menos que en casi 700 kilos de lápices, cuadernos, pinturas, acuarelas, plastilina…
Tras actividad frenética en todos aquellos meses llegó por fin el mes de junio, la salida se efectuaría el día 6 y todos sus componentes se preparaban con algo mucho más pesado que una simple ilusión; la motivación de un proyecto que sin quererlo se les había escapado de las manos. De Talavera de la Reina saldrían Pedro con su GS 1150, Francis con su GS 1200, Jaime con su VSTROM y Fico con su Harley, que dicho sea de paso, todos tenían sus dudas de que pudiera terminar el viaje. De Alovera (Guadalajara) saldrían Dani y Maribel con su Adventure y finalmente de la zona de Levante lo harían Roberto y Rebeca con su Rockster y Julio con su GS 1150.
…Corría el mes de junio del año 1015, los componentes de una peculiar caravana ultimaban los detalles para su partida desde tierras hispanas hacia el norte de la pintoresca África. La comitiva cristiana tenía como finalidad adentrarse en la cuna de la cultura islámica ya que, desde hacía tres siglos, el dominio musulmán de sus tierras los hacían encontrarse bajo su influjo. Eran todos nobles que cultivaban las artes y las ciencias y, conocedores de la importancia y arraigo de los musulmanes en estas disciplinas, decidieron emprender viaje para imbuirse y gozar de ellas. De Talavera partirían los caballeros Pedro, Francisco, Jaime, todos ellos a lomos de monturas espléndidas de pura raza, y el caballero Federico, que lo hacía a lomos de su yegua “Furiosa”, bello animal procedente de tierras lejanas, que dicho sea de paso, todos tenían sus dudas de que pudiera terminar el viaje. De Wad al-hayara partirían Sir Daniel y Lady Marybell y finalmente de tierras próximas a Balansiya lo harían el caballero Robert, Lady Rebeca y el aguerrido Julius…
Día 1. 6 de junio de 2015. La comitiva parte.
Aquel sábado de junio amaneció con nervios. Todos los componentes del grupo, desde sus lugares de origen, ultimaban los últimos detalles para iniciar la marcha. Cargaron sus motos de una manera espectacular, de tal forma que ya no cabía ni una sola goma de borrar, kilos y kilos de ilusiones que esperaban recorrer 1700 km hasta su destino. Pesos bien compensados y suspensiones endurecidas, era necesario acostumbrarse a pilotar con semejante volumen para evitar incidentes. El momento llegó, las motos comenzaron a rugir y la caravana de los Lápices moteros se puso al fin en marcha.
La meta de aquel día era Baena, una bonita ciudad cordobesa donde acudirían todos para emprender el viaje juntos. Julio, Roberto y Rebeca salieron de Valencia hasta Manzanares, donde se estableció el primer contacto con los miembros de Guadalajara, Dani y Maribel. De esta manera continuaron los cinco hasta el destino del primer día, en medio de un calor abrasador que hacía presagiar lo que les esperaba por tierras desérticas. Eran las siete de la tarde, una vez localizado el albergue para dormir y sobretodo el parking para no tener que descargar las motos, sólo les restaba esperar con impaciencia la llegada de los talaveranos que lo hicieron tres horas después. Tras una merecida cena y un buen paseo por la ciudad, el grupo ya reunido totalmente, esperó pacientemente la llegada del día siguiente. La aventura no había hecho más que comenzar.
Aquel día de junio amaneció con nervios. Todos los componentes del grupo, desde sus lugares de origen, ultimaban los últimos detalles para iniciar la marcha. Cargaron las alforjas de sus cabalgaduras con el equipaje necesario, ávidos de conocimientos, esperaban recorrer 1700 km hasta su destino. El momento llegó, los caballos relincharon y el polvo del camino comenzó a quedar atrás.
La primera meta era Baena, una bonita ciudad cordobesa cuyo nombre evolucionó de la antigua Bayyana y que tras los dominios romano y visigodo caería en el siglo VIII bajo el poder de los invasores árabes-bereberes, convirtiéndose desde entonces en una de las medinas y alcazabas más importantes. Allí confluirían los caminos de todos los integrantes de la caravana. Julius, Sir Robert y Lady Rebeca cabalgaron desde Balansiya hasta Manzanares, donde tuvieron a bien coincidir con los nobles de Wad al-hayara, Sir Daniel y Lady Marybell. Con premura, continuaron los cinco hasta el destino de aquel día, en medio de un calor abrasador que hacía augurar lo que les esperaba por tierras desérticas. Era bien avanzada la tarde, una vez localizada la posada donde poder pernoctar y tras acomodar sus monturas en las cuadras, sólo les restaba esperar con impaciencia la llegada de los caballeros talaveranos que lo hicieron recién caida la noche. Tras una reconfortante cena en compañía de su buen amigo Yusuf, el grupo ya reunido totalmente, esperó pacientemente la llegada del día siguiente. La aventura no había hecho más que comenzar.
Día 2. 7 de junio de 2015. El paso a áfrica.
Ya el grupo completo, iniciaron la marcha rumbo a Algeciras, lugar donde debían embarcar para cruzar el estrecho de Gibraltar. Allí estaban puntuales a las doce del medio día tras cruzar las bonitas carreteras andaluzas. El retraso de tres horas que ya acumulaba el ferry, les hizo esperar en el lugar de embarque bajo un sol de justicia. Al fin pudieron iniciar la maniobra de acceso a las bodegas del barco donde aseguraron de manera concienzuda todas las motos, para evitar caídas durante el trayecto que podrían haber supuesto un grave contratiempo por el elevado peso de sus cargas. A todos les extrañó oírunos sonidos secos como de cascos de caballos sobre madera que parecían provenir de ninguna parte, pero continuaron como si tan sólo se tratara de la propia imaginación. El buque partió con su preciada carga. A todos ellos les parecía curioso poder ver, desde aquellas aguas tranquilas, los dos continentes, Europa y África, separados por una mínima distancia y, tras apenas una hora de trayecto, las motos se pusieron otra vez en marcha esta vez para pisar por primera vez el país islámico.
La comitiva avanzó hasta el sur de la península ibérica, las siete cabalgaduras levantaban el polvo del camino entre los frondosos bosques del territorio de Al Andalus hasta llegar al lugar donde se acababa la tierra; la ciudad de Al-Yazirat Al Hadra, que, desde que las tropas árabes de Tarik desembarcaron en ella en 711, se convirtió en la principal puerta de entrada a Europa desde África. Allí los caballeros debían embarcar junto a sus monturas para poder continuar su viaje por tierras musulmanas. Una barcaza enorme de mercaderes les esperaba para zarpar. A través de una gran plataforma de madera, la caballería accedió a la embarcación emitiendounos sonidos secos al chocar sus cascos sobre la madera, que parecían proyectarse a través del tiempo. Tras una apacible travesía, los caballos relincharon y comenzaron a galopar, esta vez para pisar por primera vez el país de cultura islámica.
Tras sufrir los trámites burocráticos de la aduana (documentación personal, de los vehículos, etc.), los Lápices moteros, ya en tierras marroquíes, continuaron ruta rumbo a la meta de aquel día; la ciudad de Cheffchaouen, donde pasarían la noche. Al principio el trayecto resultó bastante cómodo a través de la autopista hasta que no tuvieron más remedio que continuar por carretera nacional, trayectorias lentas y reviradas, con un tráfico intenso que presagiaban lo que se encontrarían el resto del viaje, eso sí, a través de paisajes espectaculares con una naturaleza muy frondosa que sorprendió a más de uno. Tenían previsto pasar la noche en casa de los primos de Julio (Rafa y Yolanda) que residían en la ciudad desde hacía años y que allí los esperaban. Entrar en esta ciudad ya supuso tomar conciencia plena del país en el que se encontraban, un país donde el tiempo pasa de forma diferente, donde el concepto de vida es totalmente antagónico al nuestro. Un montón de minaretes rompían el horizonte cortando la luz del sol poniente que contrastaba con el azul intenso de la mayoría de las viviendas. El lugar donde pasarían la noche se encontraba en pleno centro histórico de Cheffchaouen por lo que llegó un momento en el que no pudieron avanzar más con las motos. Lejos de poder encontrar un parking (que no existía) decidieron aparcarlas en plena calle bajo la custodia de los propietarios de un kiosko que, a cambio de una propina, las velaron toda la noche.
Una vez instalados en la espectacular casa de Rafa y Yolanda y tras una reparadora cena, algunos componentes del grupo decidieron pasear por la ciudad. Un lugar como anclado en el tiempo, con un colorido sin igual, música en la calle, calles estrechas y enrevesadas que recordaban el centro histórico de Toledo y todo ello acompañado de una magia especial que lo convertía en un lugar de ensueño.
La caravana de los buscadores de conocimientos entró en el continente africano no sin antes cruzar el campamento militar que controlaba la llegada y salida de mercancías en el puerto. Tras mostrar el salvoconducto que les proporcionó el filósofo Yusuf en tierras andalusíes, reanudaron el viaje hacia el sur. Modernos aparatos de orientación solar les llevaban por el camino correcto cruzando aldeas y bosques hasta que, finalizada la jornada y caída la noche, decidieron dar cuartel a sus cuerpos y monturas entrando en la ciudad azul; Xaouen, ciudad fundada sobre el emplazamiento de una pequeña población bereber, de estructura irregular y muy similar a la de los pueblos andalusíes, considerada sagrada y a la que se prohibía la entrada a los extranjeros. Los caballeros debieron hacer uso nuevamente del salvoconducto de Yusuf y allí, fueron llevados por Julius a una cantina espectacular que conoció en uno de sus innumerables viajes de explorador. Entre las voces de llamada a la oración, en un lugar donde el tiempo se detenía, sus cuerpos cedieron al cansancio esperando con impaciencia la llegada del alba.
Día 3. 8 de junio de 2015. Llegada al desierto.
Aquel prometía ser un día duro. Una larga y pesada trayectoria que los llevaría a lo largo de casi 700 km hacia el sur, a la población de Merzouga, lugar en las puertas del desierto, donde estaba prevista la entrega del material escolar. Tras un opíparo desayuno continuaron viaje a las 7 de la mañana dejando atrás aquella bonita ciudad para adentrarse de pleno en el nuevo país. El trayecto se hacía lento, resultaba complicado avanzar las siete motos, con lo que esto supone en los repostajes, por unas carreteras que, aunque tenían un firme y señalización aceptables, carecían en la mayoría de ocasiones de arcenes y que de vez en cuando te obsequiaban con profundos socavones complicados de esquivar, a esto había que sumar los 35 grados de temperatura que aumentaban dentro del casco y los trajes. No obstante los lugares que atravesaban eran espectaculares, cruzar el Atlas Medio supuso una gran experiencia. La gente con que se cruzaban saludaba amistosamente el paso de la comitiva que despertaba su interés, lo cual hacía el trayecto mucho más grato.
Los caballeros y damas cristianos, tras penoso camino, llegaron al fin a la haima del sabio Driss, vestido totalmente de blanco y con un gran turbante que cubría su cabeza, los acogió con hospitalidad, justo donde comenzaban las tierras desérticas, en medio de unas espectaculares dunas de arena fina que perdíanse en la distancia. Era un famoso filósofo y matemático conocedor de las artes y ciencias musulmanas que tuvo a bien compartir sus conocimientos con los nobles hispanos por encima de religiones y pensamientos. Allí ofreciéndoles unas reparadoras viandas comenzó a hablar a sus visitantes de una manera sabia y pausada cuando, en medio de la conversación, dos personajes hicieron su entrada. Uno de ellos eraun tipo alto con una chilaba oscuray el otrocon un bigote bien recortado y un pequeño gorro en su coronilla. Ambos se aproximaron y hablaron durante unos instantes con Driss en voz baja. Tras un asentimiento pausado les dijo:
Bien, ya sabéis lo que debéis hacer…
Aquellos dos personajes salieron de inmediato, y dirigiéndose a sus huéspedes, Driss exclamó:
Disculpad pero tengo que ausentarme. Un asunto importante requiere mi presencia. He recibido noticias de la llegada de una gente procedente de vuestra tierra que necesita aprender más que vosotros. Es gente que está aquí pero no ahora. Durante mi ausencia consideraos en vuestra casa.
Acto seguido se dio la vuelta y salió de la estancia ante la perpleja mirada de la comitiva cristiana. Los caballeros Pedro y Francisco salieron tras él pero tan sólo alcanzaron a ver una bruma que desaparecía en el horizonte.
Quedaban pocos km para llegar a Merzouga. Allí habían acordado con los miembros de la ONG el hotel donde pasarían la noche para, desde allí, iniciar el reparto del material en dos colegios de la localidad al día siguiente. La harley de Fico comenzó a fallar, lo que en principio parecía un problema de entrada de combustible resultó ser un mal contacto de uno de los bornes de la batería, algo que solucionaron fácilmente aunque fue necesario un tiempo para localizar la avería. Mientras tanto paró junto a ellos un todo terreno para ofrecer ayuda si era necesario. De él bajóun tipo alto con chilaba oscura.Tras una agradable conversación les ofreció alojamiento en un lugar llamado Nomad Palace a lo que los moteros contestaron que agradecían su proposición pero que era algo que ya tenían concertado, sin más se despidió amablemente y continuó su camino. La harley rugió de nuevo y reanudaron el viaje. En poco menos de una hora se encontraban en su destino, totalmente extenuados.
Las cosas comenzaban a ir mal. En el lugar concertado nadie tenía noticias de su llegada, los recibió el director del hotel, untipo con un bigote bien recortado y un pequeño gorro en su coronillaque, de manera inflexible y pese a explicarle los motivos del viaje, se negaba a negociar el precio acordado previamente. Se hizo de noche totalmente, estaban agotados, pero volvieron a cargar las motos para salir de allí, todos estuvieron de acuerdo en dormir al raso si era necesario antes de tolerar aquella injusticia. Fue entonces cuando recordaron el ofrecimientodel tipo alto con chilaba oscuray, sin más preámbulos, decidieron con acierto buscar el Nomad Palace. Lo encontraron sin demasiados problemas, eso sí, circulando por tramos de tierra bacheados que hacían pensar que las motos y sus cargas iban a partirse por la mitad. Requirieron la presencia del responsable y los recibió un personajevestido totalmente de blanco y con un gran turbante que cubría su cabeza,que tras explicarle la situación exclamó de manera sosegada y pausada: -Bienvenidos a mi casa que es la vuestra. Mi nombre es Driss.
Nunca mejor dicho aquel recibimiento les pareció un oasis en medio del desierto, aquel era un lugar de ensueño, jardines alucinantes con habitaciones amplias y extraordinariamente decoradas. Se instalaron y les ofrecieron una cena como pocas. Tras ella, Driss ofreció un té y se sentó junto a los moteros, comenzando una conversación que difícilmente podrían olvidar. Como descendiente de bereberes y nómadas les explicó la dureza de la vida del desierto, una dureza que se traducía en sencillez y que chocaba de plano con la vida occidental llena de complicaciones y de problemas creados, que al fin y al cabo eran inexistentes. Con una solemnidad extrema afirmó que, mientras en Europa se vivía para tener cosas y atesorar, en el desierto se vivía para vivir. Era verdad que el tiempo en aquel país pasaba de un modo diferente, como dilatado, y más aún escuchando a aquel personaje totalmente atemporal que les decía con un modo de hablar muy sosegado: “vosotros tenéis reloj pero no tenéis tiempo, aquí, en el desierto, no tenemos reloj pero disfrutamos mucho el tiempo”. La conversación siguió, tomando conciencia del regalo que les había supuesto dar con aquel tipo por “azar”. Le explicaron su proyecto que aplaudió con sinceridad y en aquel mismo momento, los integrantes de la caravana de los Lápices Moteros decidieron que parte del material escolar que transportaban iría destinado a las familias nómadas del desierto. La jornada maratoniana finalizó y, bajo un cielo con más estrellas de las que nadie nunca podría imaginar se fueron a descansar, con una sonrisa más amplia que la luna que los acompañaba.
Día 4. 9 de junio de 2015. La entrega.
A las nueve de la mañana quedaron con el colaborador de la ONG que los guiaría hasta las dos escuelas de la localidad donde estaba previsto el reparto del material. Eran centros con personal docente cualificado, contaban con pocos medios pero se notaba que realizaban muy bien su labor didáctica y educacional. Allí llegaron las siete motos y por fin comenzaron a liberarlas del exagerado peso que habían traído los últimos tres días. Los nueve miembros acordaron previamente no dejar el material a disposición de los centros sino repartirlos individualmente a los alumnos clase por clase. Así lo hicieron, cientos de lápices, pinturas, cuadernos, gomas de borrar, sacapuntas, etc. se encontraban al fin en las manos de de los niños que los necesitaban. Eran clases mixtas, con edades dispares y sobre todo con unas sonrisas que daban razón de ser a los kilómetros recorridos y al cansancio sufrido. También llevaron algunos ordenadores portátiles usados pero en perfecto estado cuya idea era ofrecerlos a la dirección de los centros, pero el profesorado propuso entregarlos a los alumnos que presentaban un mayor interés en aprender. Así lo hicieron, y las alumnas que los recibieron les obsequiaron con unas expresiones entre tímidas y radiantes que denotaban su pensamiento de no poderse creer lo que les estaba ocurriendo.
Terminado el reparto en los centros volvieron al Nomad Palace y, como acordaron la noche anterior, reservaron una parte importante de material para las familias nómadas del desierto. Allí les esperaba Driss que puso a su disposición dos vehículos todoterreno ya que a donde se dirigían era totalmente imposible llegar en moto. La travesía comenzó, pasando por lugares tan variopintos como minas de khol, un campamento francés abandonado, un cementerio bereber… todo esto amenizado por las explicaciones de Driss que les hacía adentrarse cada vez más en la dureza de la vida en el desierto. Finalmente fueron de familia en familia dejando material según los niños que vivían en cada haima, todo eran expresiones de bienvenida y agradecimiento. Tuvieron la impresión que aquella era gente con muchas carencias, que tenían muy poco pero que lo ofrecían todo. Driss les explicó que allí no era más rico el que más dinero tenía sino quien poseía más cabras que aseguraban el sustento. Aquellos niños andaban descalzos sobre la abrasadora arena, subsistían día a día en un medio muy hostil pero sus expresiones de sincera felicidad les impactaron especialmente. Los nueve Lápices Moteros recibieron una gran lección, aquella experiencia les hizo plantearse que la evolución del mundo desarrollado basada en las comodidades no resolvía problemas sino que los creaba, unos problemas totalmente vacíos de contenido comparados con el día a día de aquella gente, y si a eso sumaban la pérdida de las relaciones humanas del mundo occidental y que allí eran tan palpables, les dio qué pensar acerca de quiénes poseían mayor riqueza: si ellos en la cómoda pero vacía vida europea o aquella gente con carencias pero con una vida plena en armonía con su entorno.
Tras el objetivo principal cumplido algunos de los componentes fueron a visitar la inmensa laguna de Dayet Srji plagada de flamencos a escasos kilómetros de las dunas, un contraste difícil de creer. Todos fueron conscientes de que el desierto tenía una magia que los atrapaba… contemplar su espectacular cielo nocturno, las salidas y puestas de sol que hacían que cada instante fuera diferente al anterior proyectando un amplio espectro de color en las dunas desde el amarillo más pálido al naranja más intenso, escuchar el silencio más absoluto…
Los caballeros y damas cristianos esperaban pacientemente el regreso de Driss intentando dilucidar el sentido de sus palabras “…están aquí pero no ahora…” Mientras, sucumbían al hechizo alquímico del fabuloso paisaje que los envolvía.
Día 5. 10 de junio de 2015. El inicio del retorno.
El amanecer fue espectacular. Los primeros rayos de sol surgían por el este entre las dunas incidiendo sobre ellas de una manera fabulosa, haciendo surgir de ellas una gama de colores cálidos alucinantes que, entre luces y sombras, contrastaban con el azul celeste, todo esto mezclado con los fuertes bramidos de los camellos en su despertar.
Llegó la hora de la partida. El momento fue emotivo. Driss se despidió uno a uno de los nueve componentes del grupo con un afecto difícil de explicar, como bien dijo, le habían llegado al corazón y, de manera recíproca, un trozo del alma de cada uno de aquellos locos quedó allí con él. Las motos, esta vez libres de su preciada carga, volvieron a rugir. Con una última mirada atrás acertaron a ver con el brazo levantado a aquel peculiar personaje que, lejos de significar un adiós, todos sintieron que era un hasta siempre.
La GS de Julio despertó aquel día con un sonido nada alentador, un traqueteo inquietante de su motor hacía presagiar algo no demasiado bueno. No obstante iniciaron la marcha. Para ello retornaron hasta Ar Rachidia para, desde allí reanudar el camino hacia el este del país. Pensaban recorrer poco más de 300 km, una distancia que resultó de una belleza tremenda por la espectacularidad de sus paisajes. Atravesaron llanuras inmensas que se perdían en la lejanía, con una vegetación escasa típica del paisaje africano, donde a ninguno les habría extrañado ver correr una gacela perseguida por el potente guepardo. Así llegaron al Todra, un rio cuyo cauce profundo delimitaba un brusco cambio en la vegetación. Era como un inmenso oasis que ocupaba el valle de su curso que contrastaba fuertemente con la aridez del paisaje predominante. Aquella belleza natural alcanzó su clímax cuando llegaron a las famosas Gargantas del Todra a través de una carretera que discurría junto al lecho del rio desde el que se levantaban a ambos lados dos paredes de montaña rocosa totalmente verticales de más de 200 metros de altitud.
Continuaron camino ya avanzada la tarde hasta el rio Dades, donde una explosión majestuosa de la naturaleza, les acompañó por una de las carreteras más peligrosas del mundo y, por consiguiente, una de las más bellas. Durante el trayecto de todo aquel día, la moto de Julio acusaba cada vez más el cansancio, el feo sonido de su motor era cada vez más acusado. Con una nobleza increíble, justo cuando llegaron al pequeño hotel de la zona donde pasarían la noche, la GS se paró para no volver a arrancar, parecía que tenía problemas de distribución o árbol de levas. Tras las comprobaciones de rigor y, viendo que nada podía hacerse, a las cuatro de la madrugada la moto era cargada en una grúa rumbo a Casablanca, lugar donde se encontraba el concesionario más cercano, ni más ni menos que a 400 km de aquel lugar. Era momento de descansar, al día siguiente había que continuar el viaje.
El sabio Driss hizo su entrada en la haima con gran elegancia. Allí lo esperaban pacientemente los cristianos venidos de tierras lejanas desde que, dos días atrás, desapareciera de manera tan misteriosa. Tras sentarse junto a ellos alrededor de una humeante tetera comenzaron sus clases magistrales. Trascurridas varias horas y llegado el momento del descanso, Driss afirmó con solemnidad: “Tened cuidado, la evolución de vuestra cultura no augura nada bueno, no perdáis los valores que hacen del ser humano la mayor creación de Alá”. Los nobles cristianos miráronse entre ellos sin comprender el sentido de sus palabras, pero de la misma manera intuyeron que la razón y la sabiduría hablaban por la boca de su anfitrión…
Día 6. 11 de junio de 2015. Rumbo a la gran ciudad.
El objetivo de aquel día era llegar a la frenética ciudad de Marrakech. Julio, sin su querida GS montó como copiloto con Pedro. Continuaron el camino hacia el este hasta sobrepasar Ouarzazate, cerca de allí, tras una reparadora comida, gozaron de la espectacular vista del pueblo abandonado de Ait Ben Haddou, una ciudad fortificada de adobe sobre un risco de 100 metros, declarada patrimonio de la humanidad que permanece anclada en el tiempo y que aparece majestuosa entre el paisaje desértico como un espejismo y que sirvió de escenario de películas como “Gladiator”, “La joya del Nilo” o “Juego de Tronos” entre muchísimas otras.
Tras recrear la vista con aquel impactante lugar continuaron el trayecto rumbo a la gran ciudad. Durante el mismo, se vieron inmersos en uno de los itinerarios más bellos y variopintos. Efectivamente, cruzar el Alto Atlas fue algo que no dejó indiferente a ninguno de los Lápices Moteros. El trayecto ascendía a más de 2500 metros para luego volver a descender de manera vertiginosa por una carretera con escasos arcenes, teniendo a un lado la áspera montaña cortada y por el otro un gran abismo, en muchos casos sin protección. Todo ello a través de curvas de 180 grados que hacían realmente complicado gozar de la extrema belleza del paisaje sin perder la concentración en la conducción. A todo esto se sumaba el cambio extremo de temperatura durante el ascenso que hizo parar a más de uno para enfundarse en ropa de abrigo proviniendo curiosamente del calor asfixiante de las zonas desérticas. Y lo más peligroso, un tráfico intenso de todo tipo de vehículos; burros, bicicletas, viandantes, viejos Mercedes con nueve personas a bordo, camiones de paja cuya carga excedía más del doble las dimensiones del vehículo, autobuses… Todo aquello hizo de aquel tramo algo extremadamente pintoresco y exótico que, por otro lado, requería de los cinco sentidos para poder circular sin percances.
Finalmente llegaron a Marrakech y, entrando en la ciudad, se esfumó toda la tranquilidad y sosiego con que habían circulado los días anteriores. Desde el siglo XIV se convirtió en el centro y el eje de las grandes caravanas comerciales entre Fez y el sur y así evolucionó hasta nuestros días; una ciudad frenética, de tráfico caótico donde, circulando, impera la ley del más fuerte. Allí, con la ayuda de esporádicos guías se instalaron en un hotel muy próximo al zoco tras guardar las motos en un “parking” de dudosa confianza lleno de todo tipo de enseres, pasillos y recovecos que lo hacían más propio de una película gore de serie B que de un lugar seguro para las motos.
Recorrieron el zoco, un lugar inmenso de comercio que llenaba los cinco sentidos con su explosión de colorido, cantos, música, olores intensos… allí pudieron encontrarse desde el típico encantador de serpientes hasta quien vendía especias, un aspirador o el listo que, con una báscula en la calle te pesaba a cambio de un dírham. Era un lugar intenso y frenético, pero igualmente fabuloso donde el regateo extremo era el agotador modo de comercio habitual. Como todas las anteriores, aquella fue una experiencia tremendamente enriquecedora y, al fin, bien entrada la madrugada se retiraron a descansar en medio de la vorágine comercial musulmana.
Matemáticas, astrología, ingeniería… Los caballeros y damas cristianos absorbían como esponjas los conocimientos de aquel tipo de gran turbante que no parecían tener límite. Gran cantidad de papiros, pergaminos, cartas astrales y códices se acumulaban como preciado equipaje para su vuelta a Al Andalus. El sabio Driss vio en ellos su potencial y capacidad de aprendizaje y con ello la posibilidad de difundir su cultura que, en pocos siglos, se había convertido en la máxima expresión del conocimiento…
Día 7. 12 de junio de 2015. El grupo se fragmenta.
Tras el conveniente desayuno y tras sacar las motos de aquel zulo extraño, volvieron a ponerse en marcha, esta vez rumbo a otra gran ciudad; Casablanca, donde esperaban recibir buenas noticias a cerca de la GS de Julio. La llegada al concesionario fue realmente caótica pero finalmente lo consiguieron. En contra de lo que esperaban oír, la moto no estaba reparada. Se le había roto un taqué con los consiguientes daños en válvula y posiblemente en cilindro y lo peor de todo era que, por la falta de esas piezas, no podrían repararla antes de 10 días. Era ya inevitable que la GS pudiera volver por sí sola, así que Julio se quedó aquella noche en la ciudad para, al otro día, llevar la moto en grúa y embarcar en Tanger rumbo a Algeciras como estaba previsto.
Jaime y Francis decidieron que podían llegar a embarcar esa misma noche, así que salieron a media tarde despidiéndose del grupo. El resto decidió darse un día más, cruzaron Rabat y pasaron la noche en Kenitra. Al día siguiente embarcarían en el ferry para dejar atrás finalmente el territorio marroquí.
Día 8. 13 de junio de 2015. El adiós a las fabulosas tierras musulmanas.
Se levantaron temprano ya que la gasolinera donde habían guardado las motos se abría a las ocho, algo que no les molestó en absoluto por el simple hecho de abandonar la posada inmunda en la que no tuvieron más remedio que alojarse. Dani y Maribel decidieron prolongar un día más el viaje pasando la jornada tranquilamente en Asilah. Pedro, Fico, Roberto y Rebeca emprendieron el camino para recorrer los poco más de 100 kilómetros que restaban hasta Tanger. Ya en el lugar de embarque coincidieron con Julio, que llegaba con su moto a bordo de una grúa. Tras los burocráticos trámites para la vuelta comenzaron a embarcar, esta vez con las maletas vacías.
El rugido de las motos resonaba en el interior de la bodegay, de la misma manera que les ocurriera ocho días antes, les pareció escucharunos sonidos secos como de cascos de caballos sobre madera que parecían provenir de ninguna parte,una vez más, creyendo que era una mala jugada de su imaginación, volvieron a asegurar las motos para evitar caídas en la travesía. El viaje de los Lápices Moteros estaba a punto de concluir, en sus mentes quedaba una intensa satisfacción por haber conseguido con éxito el objetivo del proyecto y por haber gozado de una manera extrema de la cultura y la belleza indescriptible del país vecino, pero sobretodo por haber tenido la suerte de conocer a aquel personaje intemporal de gran turbante que les hizo aprender… aprender…
La comitiva cristiana se dispuso a embarcar junto a sus cabalgaduras, esta vez con sus alforjas llenas de conocimiento, los cascos de los caballos emitían unos sonidos secos al chocar contra la plataforma de madera. Sólo había una cosa que no alcanzaban a comprender; ¿quiénes serían aquellos que provenían de su tierra que según el sabio Driss estaban aquí pero no ahora? Mientras aseguraban sus monturas en la embarcación les pareció escucharun rugido intenso que resonaba en el interior de la bodega. Instintivamente pusieron sus manos sobre la empuñadura de sus espadas pero resolvieron que se trató de una mala jugada de su imaginación. El viaje de los Ávidos de conocimientos estaba a punto de concluir,en sus mentes quedaba una intensa satisfacción por haber conseguido con éxito el objetivo del proyecto y por haber gozado de una manera extrema de la cultura y la belleza indescriptible del país vecino, pero sobretodo por haber tenido la suerte de conocer a aquel personaje intemporal de gran turbante que les hizo aprender… aprender…